En la actualidad existen tres tipos diferenciados de inteligencia artificial.
El primer tipo es la denominada IA general, IA fuerte, superinteligencia artificial o AGI (Artificial General Intelligence) por sus siglas en inglés. Se trata de un nivel hipotético de IA que sería capaz de comprender, razonar y realizar cualquier tarea intelectual que un ser humano pueda hacer. Hal9000 (2001, una odisea del espacio, S. Kubrick, 1968), Skynet (The Terminator, J. Cameron, 1984) o Luces del norte (Person of interest, J. Nolan, 2011) serían ejemplos de este tipo de IA. Se trata por tanto de un estadio de desarrollo al que no hemos llegado todavía, sigue perteneciendo al relato de la ciencia ficción, aunque hay quien piensa que es solo cuestión de tiempo que surja la singularidad.
El segundo tipo es la IA especializa, también conocida como IA débil. Se trata de sistemas de IA centrados en tareas específicas y limitadas. No tienen capacidad para realizar tareas fuera de su campo de especialización, pero son muy efectivos en aquello para lo que han sido programados. Puede que no seamos conscientes, pero la IA especializada está muy presente en nuestra vida cotidiana desde hace tiempo: Alexa, el asistente de Amazon, Siri o el algoritmo que nos recomienda canciones en Spotify son ejemplos de IA especializadas.
El tercer tipo de IA es el de más reciente aparición y el que ha supuesto un salto evolutivo en el desarrollo de esta tecnología: la IA generativa. Es un tipo de inteligencia artificial que tiene la capacidad de crear contenido nuevo y original. Es decir, que puede generar texto, imágenes, música u otros tipos de contenido de forma autónoma a partir de patrones aprendidos de datos previos. La IA generativa ha entrado en un terreno que hasta este momento considerábamos exclusivo de los seres humanos: la creatividad.